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Factores de cambio en terapia

Recuperarse de una mala época puede ser un reto difícil. Ahora, desanimarse frente a esto es tan estéril como mal enfocado. Personalmente, a mí lo que me gusta de las cosas difíciles es que, como tales, no son imposibles. Por lo tanto, se pueden hacer, si sabes cómo.

En el caso de una terapia psicológica, la dificultad tiene más que ver con cómo se enfocan las problemáticas propias que con la cantidad o el tiempo de esfuerzo que hay que invertir. Hay muchos casos que, dando una vuelta de rosca a un determinado concepto vital mal enfocado, revisando determinados circuitos psicológicos erróneos o modificando pequeñas conductas tóxicas reiteradas, se puede lograr un gran cambio en el nivel de vida de la persona. Dicho esto, ¿de que depende que alguien tenga al alcance el cambio o que, por el contrario, tenga que escalar unos cuántos escalones más para llegar? influyen los siguientes factores:

El orgullo

Si el perro (dicen) es el mejor amigo del hombre, el orgullo es uno de los peores. Por orgullo o soberbia entendemos en este caso la incapacidad de querer aceptar los propios problemas. Este exceso de orgullo puede llevar a alguien a seguir hundiéndose en el remolino de sus propios errores sólo por el miedo a aceptar que está haciendo algo mal. Es la antítesis del cambio y representa, por lo tanto, un gran obstáculo en el camino de curarse emocionalmente.

Capacidad de introspección

La capacidad para hacer una tarea sincera de introspección es fundamental.  Hay mucha gente que por más que intenta entenderse a sí misma no puede. A veces viven inmersos en sus creencias erróneas sobre su autoconcepto, y esto les trae resultados ante la vida problemáticos porque cuando necesitan advertir que requieren un cambio no se dan cuenta. Todo el mundo conoce a alguien que cree de todo corazón ser muy abierto (cuando en realidad sólo habla de cosas triviales y nunca de sí mismo), muy buen amigo (que cae en el egoísmo más de lo que es capaz de darse cuenta) o muy sincero (cuando miente lo borra muy rápido y de forma automática).

Inteligencia emocional 

Este factor va ligado a los dos anteriores pero merece una mención aparte por el solo hecho que se puede no ser orgulloso y además ser introspectivo, pero no entender el funcionamiento de los demás como individuos y como sociedad. Hay gente que vive sumida en la confusión respecto a los cánones sociales y las líneas invisibles que entretejen cada una de las interacciones humanas, que son siempre guiadas por algún tipo de sentimiento. No pueden conectar adecuadamente con las necesidades de los demás, que son una parte indispensable de nuestra propia felicidad o bienestar.

Hasta aquí las claves a nivel del tratamiento psicológico. Lo que es favorable de los tres elementos comentados es que, aunque sean deficitarios pueden entrenarse. Muchas veces, como suele pasar en psicología, es cuestión de encontrar el desbloqueo preciso para cada persona que le abra un horizonte de cambio. Con las herramientas que tiene nuestro propio cerebro podemos batir las otras áreas que condicionan el cambio, como son la base genética, el ambiente de la persona o el bagaje psicológico negativo.

Es crucial la higiene psicológica y la sinceridad frente a uno mismo para tener un buen nivel de vida. El psicólogo actúa en estos casos como el agente de cambio que impulsa y consensúa la manera de producir mejoras, además de ofrecer un punto de vista profesional, neutral y libre de prejuicios. ¡Cómo cambiaría nuestra sociedad si todo el mundo se dejara de estigmas absurdos y se animara a ir al psicólogo cuando le hace falta!

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