Depresion

La depresión en los hombres

La depresión se define como un estado de ánimo bajo y de aversión a la actividad que puede afectar a los pensamientos, comportamiento y sentimientos de una persona. La gente deprimida puede sentirse entristecida, desesperanzada y culpable, entre otras muchas manifestaciones propias de este estado. En algunos casos, la depresión se eterniza dentro de la forma de ser de la persona, incapacitándola para experimentar ningún tipo de alegría. En los peores casos, la persona se ve sobrepasada en exceso por su mal estado de ánimo y el cuadro puede derivar en un suicidio.

En relación con el suicidio, que podríamos considerar como el desenlace más extremo de un estado de ánimo depresivo, es interesante mirar los datos más recientes de los que disponemos: en 2013 hubo, sólo en Cataluña, 544 suicidios. Centrándonos por sexos, las estadísticas ofrecen resultados sorprendentes y muy dispares: los hombres cometieron el 77% en contraste con el 23% de mujeres. Esto es 412 casos masculinos frente a 125 femeninos.

Curiosamente, la percepción general es la contraria. Hay menos suicidios en la población femenina, pero ellas realizan más tentativas frustradas, dan más señales de alarma antes de tomar la decisión y emplean métodos menos letales que ellos. En consecuencia, ganan visibilidad, quizás por eso todo el mundo tiende a pensar que las mujeres sufren peores depresiones, cuando no es cuestión de sufrirla mejor o peor sino de cuál es la actitud que toman unos y otros frente al cuadro clínico. El sufrimiento no entiende de géneros, pero sí que se manifiesta diferentemente en una mujer que en un hombre. Las hipótesis son varias, pero se han detectado patrones comunes en los hombres que podrían explicar por qué ellos pasan más inadvertidos a la hora de ser diagnosticados y tratados.

En primer lugar, la población masculina tiende a negar su propia sintomatología depresiva. Está muy arraigado en el subconsciente colectivo el hecho de que demostrar tristeza es un síntoma de debilidad. Tradicionalmente, el hombre percibido como vulnerable, miedoso o débil ha sido objeto de desprecio puesto que, sexistamente, eso era considerado una ‘cosa de mujeres’. A pesar de los adelantos sociales, este estigma todavía está muy presente. La negación de que se encuentra mal se produce de cara a los demás, pero también hacia un mismo. Hacer ver que no pasa nada, pero esto no hace sino acentuar progresivamente el malestar de la persona.

Debido a ello, muchos hombres no exteriorizan ni mucho menos todo aquello que se les pasa por la cabeza. Compartir las emociones con los demás es básico en el acto de mejorar el estado anímico de una persona: al hacerlo te puedes sentir más apoyado, acompañado y obtienes otros puntos de vista que te pueden ayudar a no verlo todo tan negro. Desgraciadamente, si a muchos ya se los cuesta expresarse con familia o amigos, todavía les será más difícil abrirse a un profesional de la psicología o psiquiatría, precisamente porque esto supone una aproximación a sus propios problemas.

El miedo al diagnóstico es otra de las causas. Los hombres que admiten tener un problema también valoran el diagnóstico de depresión como una carga. El error más frecuente es vivirlo como un fracaso personal, afectando a su ego. La imagen prototípica del gran macho triunfador, proveedor de su familia y cubierto de una gran aura de invulnerabilidad no casa con la persona frágil que todos llevamos adentro. Es habitual que la población masculina afectada de depresión lo procese cómo si fueran los únicos que necesitan ayuda, que sufren y que pasan por un mal trance. El diagnóstico es el colofón que confirma sus temores: “soy una persona vulnerable y la gente es mucho más feliz que yo”. La realidad es bien diferente, se estima que al menos un tercio de la población sufre de algún tipo de trastorno mental, y al borde un 25% toma fármacos psicoactivos. En consecuencia, estar mal no es ni infrecuente ni parte de ningún fracaso: es una parte natural de la vida que se tiene que dirigir como se dirige cualquier otro reto.

Algunas señales de alarma

A pesar de la opacidad con la que muchos hombres conducen la depresión, hay indicadores que pueden hacer sospechar de esta condición:

• Tendencia a la irritabilidad más acentuada de lo habitual.
• Comportamiento agresivo.
• Abuso de sustancias como por ejemplo el alcohol.
• Conductas de riesgo diversas.
• Comportamiento esquivo.

Muchas veces hace falta que alguien externo les empuje a reconocer el problema y a empezar a buscar ayuda profesional. No se tienen que escatimar esfuerzos a la hora de auxiliar a la persona cercana que está sufriendo, aunque pueda ser una tarea pesada y quizás poco agradecida, es posible que estemos salvando una vida.

 

 

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